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El Instituto
Sagrada Familia, como fruto de la prolongación del
carisma otorgado por Dios a Madre Ana María Janer,
se decide a responder al desafío que nos proponen nuestros
pastores en las conclusiones de la V Conferencia Episcopal
Latinoamericana y del Caribe cuando dicen: “La
escuela católica está llamada a una profunda
renovación. Debemos rescatar la identidad católica
de nuestros centros educativos por medio de un impulso misionero
valiente y audaz”.
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Brindar a los niños
y jóvenes una educación integral que haga posible
la madurez humana y el desarrollo de los valores que informan
la concepción cristiana del hombre y de la vida, de
tal modo que el alumno sea agente de su propio desarrollo
y llegue a ser libre, responsable y solidario en la construcción
de un mundo más justo y más fraterno.
Proyectamos la vida de nuestra institución en |
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Proponer,
despertar, celebrar y cultivar la fe
a través de un itinerario de conversión y maduración
cristiana,
acorde con la edad y con nuestra realidad latinoamericana,
según el carisma de Ana María Janer.
(Proyecto Pastoral Provincial pg.14)
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• Abrirnos
a la gracia de Dios, descubrir su voluntad en lo cotidiano
y vivirla con alegría.
• Cultivar la oración diaria y las virtudes de
la “ciencia” y la “autoridad” como
fuerza moral y profesional.
• Mostrar con nuestros actos el verdadero rostro de
Dios: Padre, paciente, comprensivo, misericordioso, amoroso,
cercano, justo, conciliador, poderoso, responsable, camino,
verdad y vida.
• Comunicarnos más y mejor; buscar tiempos y
lugares oportunos para dialogar, con una actitud optimista
de apertura y escucha al hermano.
• Trabajar en comunión, confianza y esperanza
a imagen de la Sagrada Familia.
• Mirar con calidez a los niños, los jóvenes
y los compañeros; escucharlos y acompañarlos
con caridad, comprensión, respeto y ternura.
• Conducir a nuestros alumnos al encuentro con Jesucristo
vivo a través de cada disciplina, realizando la síntesis
entre fe, cultura y vida.
• Acompañar a las familias en la formación
cristiana de sus hijos.
• Buscar la coherencia entre lo que se predica y lo
que se vive e involucrarnos cada vez más, todos, en
las prácticas de solidaridad.
• Seguir profundizando en la “huella janeriana”
que vitaliza nuestra fe desde el propio carisma. |